San Anton 2015

Un año más por San Antón acudimos en los pueblos y en algunos barrios de las ciudades a la bendición de los animales. Es la fiesta que más gusta a los niños: burritos, perros pequeños e ideales, hámsters, etc,.. la adorabilidad al máximo se encuentra en esta festividad.

Este año también fuimos a Ludiente, un pequeño pueblo del Alto Mijares. En casi todos los pueblos de la zona, el San Antón consiste en comer cerdo desde la mañana a la noche, quemar la hoguera, bendecir a los animales (muchas veces se traen de fuera para mantener la tradición) y repartir los rollos (una especie de pan duro un poco dulce). Pero sobre todo es una oportunidad de juntarse con los amigos o familia.

La realidad de los pueblos de la zona es muy diferente a las "aglomeraciones" que vemos en las fiestas. La despoblación es galopante, las oportunidades de trabajo escasas. Sólo un milagro podría revertir esta situación: una mezcla entre un esfuerzo verdadero por parte de los representantes de los pueblos sumado al deseo de supervivencia de algunas familias con hijos que desee empezar una vida nueva..sólo así se conseguiría atraer a nuevos habitantes a la zona.

La Iglesia ya ha hecho su tarea en este aspecto. El cura (creo que ya lleva varios años por la zona) era extranjero. Lo sé porque era negro, no se si africano o sudamericano (tantos años de bodas me han dejado la secuela de desconectar cuando un cura habla..no recuerdo su acento), el caso es que era chocante: porque cuando conoces lo cerrada que es esa comunidad, jamas te imaginas a un negro cualquiera llegando al pueblo y siendo aceptado, sin embargo con la sotana todo cambia.. el hombre venía con el sello de la Iglesia Católica así que todo estaba bien, y se aceptaba,... no hay mal que por bien no venga.

Y yo pensaba en ese hombre joven que estaba bendiciendo animales y personas en un país extranjero, en un entorno aislado y extraño a su país, con costumbres diferentes y gente mayor como única compañía..y pensaba en la fuerza que da la fe,.. y quizás la necesidad.

© DANIEL BELENGUER

© DANIEL BELENGUER